No
temas perderte, no hay mayor placer que reencontrarse con uno mismo. Romperé
mi lengua, infiel al deseo, se negó a tus labios, lamiendo mi hielo. Huiré
del tiempo, del abismo de la memoria, de la obscuridad del odio.
Buscaré mi razón, en las hojas resecas, en los signos del oprobio. No
existe el fracaso, solo los intentos fallidos y el aprendizaje de
ellos. Personas
vacuas, en su cielo de espejos, reflejos sin contenido, envases
vacíos, corazones aguardando las miradas de los hipócritas. El
aleteo de sus pestañas congratulo mi esperanza, no quise despertarme
de tal sueño, la amaba aún en la distancia, era mi fuego,yo su leño Tu
amor explicito hasta la coyuntura, libre de candados y cadenas, sin
metáforas ni sepulturas, me ata a sus deseos y me condena. Le
temo más al amor súbito, que a la hoz de la parca, temo perderme en
sus ojos malditos, o en el fuego eterno de su alma.
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